Ahora tengo la certeza que muchos de los procesos exitosos que han incidido positivamente en la cultura de nuestro pueblo han tenido sus mejores interlocutores en las provincias del interior del Perú. El premio 2007 como buena práctica gubernamental, en la categoría transparencia y acceso a la información pública, a la propuesta “Jueces Transparentes y Cuadernos Personales de Decisiones Jurisdiccionales”, de la Comisión Andina de Juristas, así lo demuestra.Desde mis tiempos juveniles y en el Colegio, escuché a todos, expresar los peores denuestos cuando hablaban del Poder Judicial y del Sistema de Justicia en su conjunto. Crecí con ese estereotipo cultural y asumo que fue uno de los motivadores que me llevaron por la senda del estudio del Derecho, carrera que estoy a punto de culminar. En todo este tiempo, en correlato con esa tara cultural, de considerar a los jueces corruptos e inmorales, seguí creciendo alejada de ellos y siempre con reparos de lograr un acercamiento.
Hace poco más de un año, la Comisión Andina de Juristas me dio la oportunidad de participar en una iniciativa que justamente entre sus objetivos tenía actividades tendientes a establecer mecanismos de acercamiento entre los ciudadanos y los jueces. En mi condición de estudiante de Derecho, consideré que esta oportunidad era una ocasión ideal para comprobar el nivel de corrupción que históricamente se le increpaba al Poder Judicial y si el secretismo del que aun se habla es tan acentuado o si solo constituye una de las tantas seudo verdades a las que nos han acostumbrado culturalmente.
De esa forma me involucré en una iniciativa que en el tiempo me daría luces de la existencia de toda una corriente social a favor del cambio y la transformación del Poder Judicial y que en ese derrotero, eran los mismos magistrados los que impulsaban acciones a favor de transmitir un mensaje distinto a la ciudadanía. Un mensaje de defensa de la independencia del Poder Judicial, desde su misma labor y de una actitud de acercamiento a la sociedad por medio de canales democráticos a través de las cuales se gestó una buena práctica, cambio que hoy celebramos por ser un aporte que creció y se alimentó principalmente desde el interior del país y que también paradójicamente maduró y se proyectó desde el interior del mismo Poder Judicial.
En Huancayo, sede de la Corte Superior de Justicia de Junín, logramos articular un importante grupo de estudiantes de la Universidad Peruana Los Andes (UPLA). La responsabilidad que asumí, al ser electa como Coordinadora fue grande, pues me obligó a luchar contra mis propios temores y estereotipos culturales y establecer una estrategia de acercamiento a los Magistrados de nuestra Corte, sin confrontación, en un clima de confianza y con una visión clara: impulsar una corriente de opinión a favor de la transformación de la percepción del principal operador del Poder Judicial y dar señales claras de que no todos los jueces son corruptos y negados a cualquier fórmula de transparencia.
Fueron 10 los magistrados de la Corte Superior de Justicia de Junín quienes en el tiempo nos dieron una lección de valores democráticos y praxis a favor de la independencia judicial, pues nunca pusieron reparos a la invitación de publicar sus resoluciones, con la asistencia técnica y orientación de la Comisión Andina de Juristas. Con estas actitudes, trajeron abajo estos magistrados el oscuro telón de considerar falsamente que son cerrados a la transparencia y a acceso a la información de las labores que desarrollan.
Siento la satisfacción de haber sido parte de un proceso y una corriente social que ha contribuido con la construcción de una buena práctica que de generalizarse a nivel de todas las instancias del Poder Judicial y hacerse extensiva a nivel nacional, habrá contribuido notablemente en el desarrollo cultural de nuestro país. Es este aporte el que me autoriza a llamar la atención a las autoridades competentes a seguir los pasos de quienes hasta hoy sin generarle costo alguno al Estado hemos dicho que “si se puede” transformar positivamente las instituciones. El camino ha sido trazado y en el hoy transitan muchos académicos y otros voluntarios dispuestos hacer realidad ese clamor social de siempre: contar con un Sistema de Justicia, predecible, con mecanismos de prevención de la corrupción, abierto al cambio y sobre todo más accesible al ciudadano.
Concluyo diciendo: mi experiencia en este capítulo, es sólo una parte de lo que me toco vivir. Así como la mía hay otras más de ciento cincuenta. Al inicio, fuimos los voluntarios y el magnífico equipo de la CAJ. Luego se sumaron los magistrados y la prensa responsable y ahora solo falta las autoridades del Poder Judicial, que ojalá actúen con menos criterio político y al menos una vez decidan con criterio técnico y con visión de un Poder Judicial querido, haciendo de esta práctica premiada una de desarrollo permanente. No hacerlo es negarle la posibilidad a la justicia de ser confiable y predecible.
Cynthia Laura, voluntaria del Comité de Auditoría Social-Junín
.png)